Megadeth en la Arena CDMX — una “supuesta despedida” entre guitarras, caos y Día de las Madres
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Megadeth en la Arena CDMX — una “supuesta despedida” entre guitarras, caos y Día de las Madres

Hay conciertos que se viven como celebración. Otros como ritual. Y luego están los que, sin querer, terminan pareciendo una mezcla de despedida no confirmada, caos organizativo y homenaje involuntario al Día de las Madres… con distorsión a todo volumen.

El pasado 10 de mayo, la Arena CDMX recibió a Megadeth en una noche que muchos ya bautizaban de antemano como una “posible última visita” de la banda —aunque, fiel a la tradición del rock, nada de eso está oficialmente confirmado. Porque en el metal, como en las despedidas largas, nadie se va del todo… solo se hace más difícil volver.

Entre flores, tráfico y thrash metal

La fecha no pasó desapercibida: Día de las Madres en México, una jornada normalmente reservada para cenas familiares, serenatas y pasteles. Sin embargo, al norte de la ciudad, el plan era distinto: riffs afilados, camisetas negras y una Arena que, lejos de estar en modo familiar, se inclinaba hacia el caos controlado del thrash metal.

El acceso al recinto fue, para decirlo con elegancia, una prueba de paciencia. La organización a la entrada se sintió más como un “hangar de resistencia civil” que como el ingreso a un concierto. Filas lentas, flujo irregular y un ambiente donde la puntualidad parecía ser un concepto opcional. Si alguien llegó estresado, al menos no fue solo.

Piratería: el primer “opening act”

Antes incluso de escuchar una sola nota dentro del recinto, los asistentes ya se encontraban con otro fenómeno ya clásico de la CDMX: la piratería en todo su esplendor. Playeras, mercancía no oficial y puestos improvisados acompañaban el camino hacia la Arena como si fueran parte del cartel.

Un pre-show no anunciado que, si bien no estaba en el setlist, sí forma parte del ritual urbano del concierto en México.

S7N: apertura con filo nacional

Ya dentro, la banda mexicana S7N fue la encargada de encender motores. Cumplieron con precisión quirúrgica: energía, técnica y actitud suficiente para calentar a un público que, para ese momento, ya estaba dividido entre la emoción y el cansancio acumulado del acceso.

Una apertura sólida que recordó que el metal nacional sigue teniendo músculo y presencia en escenarios grandes.

Megadeth: puntualidad relativa y una hora y media de intensidad

El plato fuerte llegó pasada las 9:30 de la noche, con una Arena que, sin ser sold out, rozaba un 85% a 90% de aforo, suficiente para convertir el recinto en un hervidero de camisetas negras, cuellos cansados y cuernos al aire.

El concierto se extendió aproximadamente una hora y media, cerrando cerca de las 11:00 de la noche, en una ejecución que no dio respiro.

El arranque fue directo al pecho con:

  • Tipping Point
  • The Conjuring

A partir de ahí, la noche se convirtió en una sucesión de clásicos y momentos quirúrgicamente seleccionados para fans de hueso colorado:

  • Hangar 18
  • Sweating Bullets
  • I Don’t Care
  • Dream
  • WUD / IMDH
  • Hook in Mouth
  • Let There Be Shred
  • Symphony of Destruction
  • Tornado of Souls
  • Mechanix

Y como guiño inevitable a las raíces compartidas del thrash, llegó el momento inesperado:

  • Ride The Lightning (cover de Metallica)

Sí, el pasado y el presente compartiendo escenario simbólico, aunque sea por unos minutos.

El cierre fue una trilogía de alto impacto:

  • Peace Sells
  • Holy Wars… The Punishment Due

Un final que no pidió permiso ni despedidas formales.

La “supuesta despedida” y el ritual del adiós eterno

Parte del encanto —y confusión— de la noche fue esa narrativa flotante de una posible despedida. No confirmada, no anunciada oficialmente, pero sí alimentada por el imaginario colectivo del rock: ese gusto por pensar que cada gira podría ser la última… aunque casi nunca lo sea.

Megadeth, como buen veterano del género, no dramatiza: ejecuta. Y si esto fue o no una despedida, la banda no lo dijo. Solo tocó.

Epílogo: caos, riffs y Día de las Madres

Resulta irónico —o quizá perfectamente mexicano— que una de las noches más intensas de metal en la capital haya coincidido con el Día de las Madres, una fecha de celebración familiar convertida, en este caso, en una jornada de distorsión y guitarras veloces.

Entre la organización mejorable, la piratería omnipresente y la potencia de un setlist cargado de historia, la noche dejó claro algo: Megadeth no necesita anuncios de despedida para generar relevancia. Su legado ya es el mensaje.

Y en la Arena CDMX, ese mensaje sonó fuerte, rápido… y sin pedir permiso.

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