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Título: Digger
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Año: 2026
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País: Estados Unidos
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Género: Comedia negra / Sátira política / Drama
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Duración: 128 minutos
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Dirección: Alejandro G. Iñárritu
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Protagonista: Tom Cruise
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Personaje principal: Digger Rockwell
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Reparto mencionado: Tom Cruise, John Goodman
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Distribución: Warner Bros. Pictures
- Estreno: Octubre de 2026
Sinopsis
Digger Rockwell es un poderoso magnate petrolero acostumbrado a desenvolverse en un mundo donde el dinero y la influencia parecen permitirle prácticamente cualquier cosa. Sin embargo, cuando sus actividades desencadenan un desastre ecológico capaz de poner en peligro a millones de personas, deberá enfrentarse a las consecuencias de sus propias decisiones.
A través de la comedia negra y el absurdo, Alejandro G. Iñárritu construye una sátira sobre el poder económico y político, la ambición, la crisis ambiental y la facilidad con la que quienes provocan una catástrofe pueden intentar presentarse después como quienes vienen a solucionarla.

Hay películas que terminamos de ver sabiendo perfectamente si nos gustaron o no. Con Digger ocurre algo bastante diferente. La nueva película de Alejandro G. Iñárritu protagonizada por Tom Cruise es una de esas propuestas que pueden terminar y continuar dando vueltas en nuestra cabeza durante varias horas.
Y quizá ahí se encuentre parte de su atractivo.
Porque Digger es una película que puedo admirar por muchas de las decisiones que toma, pero que, al mismo tiempo, no puedo decir que haya disfrutado completamente.
Tom Cruise interpreta a Digger Rockwell, un multimillonario magnate petrolero acostumbrado a vivir bajo la idea de que prácticamente nada puede detenerlo. El problema comienza cuando sus acciones provocan un desastre ambiental capaz de poner en peligro buena parte del planeta.
A partir de ahí, Iñárritu construye una enorme sátira alrededor del poder político, la ambición empresarial, la responsabilidad ambiental y, principalmente, la facilidad con la que quienes provocan un problema pueden intentar deslindarse de sus consecuencias.

Y lo hace recurriendo constantemente a la exageración.
La película utiliza la comedia negra y el absurdo para representar una especie de competencia de egos en la que políticos y empresarios parecen más interesados en demostrar quién tiene el control que en resolver aquello que amenaza al mundo.
Lo curioso es que Digger no se queda únicamente en esa premisa. Iñárritu comienza a jugar con la manera en que estamos observando la historia y con la propia representación de Digger. Sin entrar demasiado en spoilers, existe un componente metanarrativo que transforma nuestra percepción de lo que estamos viendo y que, personalmente, me pareció una de las ideas más interesantes de la película.
También permite que Tom Cruise haga algo bastante diferente a lo que hemos visto de él durante los últimos años.
Aquí no tenemos al héroe prácticamente indestructible de Mission: Impossible ni al piloto de Top Gun: Maverick. Cruise desaparece detrás de una caracterización bastante llamativa para convertirse en un hombre poderoso, arrogante y, por momentos, completamente ridículo.
Y es precisamente ahí donde encuentro uno de los mayores aciertos de Digger.

Tom Cruise está espectacular.
Su interpretación funciona no solamente por la transformación física, sino por la manera en que entiende el tono exagerado que propone Iñárritu. Incluso cuando la película lleva algunas situaciones hasta terrenos completamente absurdos, Cruise parece comprender perfectamente el juego.
El reparto secundario también consigue buenos momentos, aunque inevitablemente termina orbitando alrededor de su protagonista. Esta es, antes que cualquier otra cosa, una película construida alrededor de Cruise.
Visualmente también hay muchísimo que reconocer.
La fotografía, la composición de las imágenes y la escala de la producción demuestran nuevamente la capacidad de Iñárritu para construir una película cinematográficamente ambiciosa. Incluso su paleta de colores, frecuentemente apagada y cercana a tonalidades sepia, ayuda a construir un mundo extraño que poco a poco adquiere un aspecto cada vez más deteriorado.
Entonces, si existen tantos elementos que funcionan, ¿por qué no terminé de conectar con Digger?
Ahí aparece mi principal conflicto con la película.
Entiendo perfectamente lo que Iñárritu quiere decir. Entiendo la crítica detrás de sus personajes, comprendo el absurdo y puedo reconocer que convertir todo esto en una enorme sátira es una decisión completamente intencional.

Simplemente no conecté con la manera en que decidió contarlo.
La crisis ambiental, la irresponsabilidad empresarial y la lucha política por evadir responsabilidades son problemas demasiado cercanos a nuestra realidad. Digger decide enfrentarlos mediante la exageración, la incomodidad y la comedia negra.
Y ahí fue donde comenzó a perderme.
No porque considere que el cine deba mantenerse alejado de la política o de los problemas sociales. Todo lo contrario. El cine siempre ha sido una herramienta extraordinaria para hablar de nuestra realidad. Pero también existe una diferencia entre comprender intelectualmente la propuesta de una película y disfrutar la experiencia que esa propuesta genera.
Con Digger me ocurrió exactamente eso.
Podía entender el chiste, reconocer hacia dónde apuntaba la crítica e incluso apreciar algunas de sus ideas, pero emocionalmente permanecía bastante alejado de ellas.
Paradójicamente, conforme avanza la historia queda más claro que detrás de toda esa comedia existe algo bastante menos divertido. Iñárritu utiliza el absurdo para hablar de las consecuencias que pueden tener las decisiones de unas cuantas personas cuando poseen suficiente dinero y poder para afectar la vida de millones.

Y ahí la película encuentra una de sus ideas más interesantes: cuando llega el momento de asumir las consecuencias, todos quieren encontrar a alguien más a quien culpar.
El resultado es una cinta enorme, extraña, incómoda y deliberadamente exagerada. Tan ambiciosa que, por momentos, tuve la sensación de que incluso a Iñárritu se le escapaba de las manos.
Por eso sigo dividido.
Hay una parte de mí que no disfrutó Digger y probablemente nunca termine de conectar con su tipo de sátira. Pero existe otra que reconoce una producción impresionante, una propuesta poco convencional y, especialmente, una interpretación de Tom Cruise que demuestra que todavía puede sorprender cuando decide alejarse del héroe de acción que lo ha acompañado durante buena parte de los últimos años.
Quizá por eso también entiendo perfectamente que la película esté generando opiniones tan diferentes.
Digger no parece particularmente interesada en agradarle a todo el mundo. Quiere provocar, incomodar y obligarnos a discutir sobre aquello que acabamos de ver.
Y conmigo, al menos, consiguió hacerlo.
Porque después de darle muchas vueltas llegué a una conclusión bastante sencilla: no me gustó Digger tanto como hubiera querido, pero tampoco puedo ignorar todo aquello que hace extraordinariamente bien.
Y quizá esa sea una de las situaciones más interesantes que puede provocarnos una película.
Porque a veces reconocer que una película está muy bien hecha no significa necesariamente haber disfrutado verla.

