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Reseñas de Cine

Reseña: "La Guerra de los Últimos" - Sobrevivir al fin del mundo no significa seguir viviendo

Título: La guerra de los últimos
Título original: The Dog Stars
Año: 2026
País: Reino Unido / Estados Unidos
Género: Ciencia ficción | Thriller | Drama postapocalíptico
Dirección: Ridley Scott
Guion: Mark L. Smith
Basada en: The Dog Stars, novela de Peter Heller
Reparto: Jacob Elordi, Josh Brolin, Margaret Qualley, Allison Janney, Benedict Wong y Guy Pearce
Música: Harry Gregson-Williams
Fotografía: Erik Messerschmidt
Duración: 118 minutos
Clasificación: B15
Producción: Scott Free Productions / 20th Century Studios
Distribución: 20th Century Studios

Sinopsis: Después de que una devastadora pandemia acabara con gran parte de la humanidad, Hig, un joven piloto marcado por la pérdida de su esposa, intenta sobrevivir en un mundo donde la confianza puede resultar tan peligrosa como cualquier otra amenaza.

Junto a su perro Jasper y Bangley, un militar experto en supervivencia, Hig ha conseguido establecer un refugio relativamente seguro y una rutina que les permite mantenerse con vida. Sin embargo, todo cambia cuando una misteriosa transmisión de radio despierta en él la posibilidad de que todavía exista algo más allá del aislamiento.

Decidido a descubrir quién está detrás de aquella señal, Hig abandona la seguridad de su hogar para adentrarse nuevamente en un territorio hostil, donde deberá enfrentarse no solamente a otros supervivientes, sino también a los recuerdos y pérdidas que todavía lo persiguen.

Basada en la novela de Peter Heller, La guerra de los últimos plantea un viaje donde sobrevivir es apenas el comienzo, porque incluso después del fin del mundo todavía queda una pregunta por responder: ¿qué hace que valga la pena seguir viviendo?

El cine nos ha enseñado muchas versiones del fin del mundo. Virus, guerras, zombis, invasiones y catástrofes han destruido a la humanidad una y otra vez en la pantalla grande. Por eso, encontrar algo diferente dentro del género postapocalíptico resulta cada vez más complicado.

La guerra de los últimos, dirigida por Ridley Scott y basada en la novela The Dog Stars de Peter Heller, no intenta reinventar por completo este tipo de historias. En cambio, utiliza un mundo devastado para preguntarse algo mucho más íntimo: ¿qué sucede cuando conseguimos sobrevivir, pero ya no sabemos para qué estamos viviendo?

Protagonizada por Jacob Elordi, Josh Brolin, Margaret Qualley y Guy Pearce, la cinta cambia buena parte del espectáculo que podríamos esperar de una producción postapocalíptica por una historia sobre el aislamiento, el duelo y la posibilidad de encontrar esperanza cuando prácticamente todo parece haber desaparecido.

El mundo terminó, pero Hig continúa aquí

Una enfermedad acabó con gran parte de la humanidad y convirtió al mundo en un territorio donde sobrevivir significa permanecer constantemente alerta.

Entre los pocos que consiguieron hacerlo se encuentra Hig (Jacob Elordi), un piloto que perdió a su esposa y que ahora vive acompañado de su perro Jasper y de Bangley (Josh Brolin), un militar experimentado que entiende perfectamente las nuevas reglas de este mundo.

Ambos han conseguido construir un refugio relativamente seguro. Tienen recursos, armas y una rutina diseñada para mantenerse con vida.

Pero Hig todavía conserva algo que podría resultar mucho más peligroso: esperanza.

Cuando una misteriosa transmisión aparece en la radio, el piloto comienza a preguntarse si realmente están tan solos como creían. Seguir aquella señal significa abandonar la seguridad y enfrentarse nuevamente a un mundo donde cualquier desconocido puede convertirse en una amenaza.

También significa aceptar la posibilidad de encontrar algo por lo que valga la pena continuar.

Sobrevivir no siempre significa vivir

Aquí encontramos uno de los aspectos más interesantes de La guerra de los últimos.

Ridley Scott no parece demasiado interesado en explicar cada detalle sobre el colapso de la civilización ni en convertir su película en una sucesión interminable de enfrentamientos. El escenario postapocalíptico funciona principalmente como vehículo para hablar de pérdida, soledad y duelo.

Hig sobrevivió físicamente a la tragedia, pero emocionalmente continúa viviendo entre los recuerdos de aquello que perdió.

Los silencios, recuerdos y momentos de introspección permiten conocer a un personaje incapaz de desprenderse completamente del pasado. En este sentido, la verdadera lucha del protagonista no siempre ocurre frente a las amenazas que encuentra en el exterior, sino dentro de él mismo.

Porque cuando desaparece prácticamente todo aquello que alguna vez definió nuestra existencia, conseguir comida o refugio puede mantenernos respirando.

Encontrar nuevamente una razón para vivir es otra cosa.

Un apocalipsis que se toma su tiempo

Quien llegue esperando una nueva película de acción de Ridley Scott probablemente tendrá que modificar rápidamente sus expectativas.

La guerra de los últimos tiene un ritmo considerablemente pausado.

La película se permite contemplar los espacios, acompañar los silencios de sus personajes y recorrer lentamente los vestigios de una civilización que prácticamente dejó de existir.

La acción está presente y existen enfrentamientos y amenazas que recuerdan constantemente lo peligroso que se ha vuelto este mundo, pero nunca se convierte en el verdadero protagonista.

Esto puede jugar tanto a favor como en contra.

Por momentos, la tranquilidad permite conectar mejor con los personajes y comprender el peso emocional que cargan. En otros, la sensación de que han ocurrido muchas cosas y al mismo tiempo parece que prácticamente nada ha sucedido puede hacerse presente.

No estamos ante una historia diseñada para mantener al espectador permanentemente al filo del asiento. Su interés está más en el recorrido emocional que en la espectacularidad del viaje.

Jacob Elordi frente al silencio

Buena parte de esa propuesta descansa sobre Jacob Elordi.

Hig es un personaje construido más desde sus silencios, recuerdos y acciones que mediante grandes discursos. Elordi aprovecha precisamente esa contención para mostrar a un hombre que continúa intentando procesar la pérdida de la vida que alguna vez tuvo.

A su lado, Josh Brolin funciona como el contraste necesario mediante Bangley, alguien mucho más pragmático y adaptado a las reglas de la supervivencia.

Pero existe otro personaje fundamental en el viaje de Hig: Jasper.

Su perro no funciona únicamente como acompañante. Representa compañía, lealtad y quizá uno de los últimos vínculos emocionales que mantienen al protagonista conectado con aquello que alguna vez significó sentirse humano.

Las participaciones de Margaret Qualley y Guy Pearce, junto con el resto de personajes que aparecen durante el recorrido, permiten ampliar esa idea: después del colapso, cada superviviente parece haber encontrado su propia manera de enfrentarse a la pérdida.

El apocalipsis después del apocalipsis

La ambientación ayuda considerablemente a transmitir esa sensación de aislamiento.

Más que bombardearnos constantemente con grandes ciudades destruidas, la fotografía de Erik Messerschmidt aprovecha los espacios vacíos y la naturaleza para recordarnos que el planeta continúa existiendo aunque buena parte de quienes alguna vez lo habitaron hayan desaparecido.

Hay algo inquietante precisamente en esa tranquilidad.

El mundo no terminó entre explosiones permanentes. Simplemente siguió adelante sin nosotros.

Y después de una experiencia global como la pandemia, resulta difícil no establecer ciertas conexiones con conceptos como el aislamiento, la incertidumbre y la sensación de observar cómo nuestra rutina puede desaparecer de un momento a otro.

La diferencia es que para Hig no existe un regreso asegurado a la normalidad.

Aprender a dejar atrás

Por ello, detrás de los peligros y los elementos propios de la ciencia ficción, La guerra de los últimos termina funcionando principalmente como una historia sobre el duelo.

Sobrevivir implica encontrar alimento, refugio y protegerse de quienes representan una amenaza.

Pero vivir requiere algo más.

Hig necesita decidir cuánto tiempo continuará aferrándose a un mundo que ya desapareció y si todavía es capaz de permitir que nuevas personas entren en su vida.

La misteriosa transmisión que pone en marcha su viaje termina representando justamente esa posibilidad: salir de la seguridad de lo conocido para descubrir si todavía existe algo allá afuera capaz de devolverle esperanza.

Conclusión

La guerra de los últimos probablemente no sea la película postapocalíptica que muchos podrían esperar de Ridley Scott.

Su ritmo pausado y su interés por los silencios pueden resultar pesados para quienes busquen acción constante, mientras que algunos elementos de este nuevo mundo podrían haberse desarrollado con mayor profundidad.

Sin embargo, la película encuentra sus mejores momentos cuando deja de preocuparse por mostrarnos cómo terminó la humanidad y comienza a preguntarse qué ocurre con aquellos que tuvieron la mala —o buena— suerte de sobrevivir.

Jacob Elordi sostiene buena parte de ese recorrido mediante un protagonista roto por aquello que perdió, mientras Josh Brolin y el resto del elenco ayudan a construir diferentes formas de entender la supervivencia.

No estamos ante una reinvención del género ni necesariamente ante una de las películas más memorables de Ridley Scott, pero sí frente a una propuesta contemplativa que encuentra humanidad entre los restos del mundo.

Porque quizá después del apocalipsis el verdadero reto no sea sobrevivir.

El verdadero reto es encontrar una razón para querer seguir viviendo.

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