Reseña: Enrique Tovar
- Título original: Dolly
- Año: 2025
- Duración: 1 h 23 min
- País: EUA
- Director: Rod Blackhurst
- Reparto: Fabianne Therese, Russ Tiller, Michalina Scorzelli, Kate Cobb, Ethan Suplee, Seann William Scott, Max the Impaler
- Género: Terror, gore

A lo largo de los años, muchas producciones del género han intentado evocar el espíritu de La masacre de Texas. En esta ocasión, el guionista y director Rod Blackhurst logra acercarse como pocas veces: Dolly se presenta como una reinterpretación moderna de Leatherface, destacando por su inquietante máscara de muñeca de cerámica y su naturaleza sádica.
Uno de los aspectos más sorprendentes es que, a pesar de tratarse de una película independiente con presupuesto limitado, la calidad de sus efectos especiales resulta notable y efectiva.
Por supuesto, la historia también incluye a una protagonista femenina que lucha por sobrevivir, así como a otro villano que acompaña a la perturbadora Dolly. Repugnante y, al mismo tiempo, extrañamente entretenida, la película logra canalizar el terror del cine de explotación dentro de una macabra casa de muñecas repleta de elementos inquietantes.
La imponente luchadora Max “El Empalador” construye una figura verdaderamente intimidante. La matriarca enmascarada recurre a todo tipo de métodos de tortura sádicos, consolidándose como una excelente figura central del terror con potencial para futuras secuelas. Su brutal presencia se convierte en uno de los mayores aciertos de la película, especialmente en las escenas donde despliega su violencia con una pala. Dentro de su hogar, la situación escala a niveles aún más perturbadores al secuestrar a Macy y someterla a retorcidos métodos en una inquietante habitación infantil improvisada.
Por otro lado, Tobe, interpretado por Ethan Suplee, funciona como un claro guiño para los aficionados del género, evocando referencias evidentes. Aunque en ciertos momentos la película se acerca peligrosamente a la imitación, logra sostenerse gracias a que sus creadores demuestran conocimiento de sus influencias y las utilizan con intención, generando impacto en lugar de caer en una copia superficial.
La trama es sencilla, lo cual resulta adecuado para este tipo de propuesta: Macy y su novio caen en las garras de Dolly, mientras la narrativa alterna entre una tensión progresiva y momentos de horror explícito. Algunas reglas dentro de este universo son claras, mientras que otros elementos permanecen en el misterio, aportando un peso adicional a la historia.

En cuanto a los efectos especiales, aunque se emplean algunos recursos generados por computadora que pueden resultar artificiales, estos llegan a integrarse con un humor oscuro que encaja con el tono general de la película.
Fabianne Therese interpreta a Macy con solidez, cargando con gran parte del peso narrativo. Su actuación funciona como el principal punto de vista del espectador, permitiendo comprender tanto el terror como el absurdo de su situación. Por su parte, Seann William Scott aparece en un papel secundario que, si bien no es esencial, aporta un toque peculiar y cierto encanto en pequeñas dosis.
Sin embargo, la verdadera revelación es Max Lindsey en el papel de Dolly, cuya interpretación supera expectativas. Logra construir una presencia auténticamente inquietante, evitando que el personaje se perciba simplemente como alguien disfrazado. Tanto la máscara como el vestuario, deliberadamente grotescos, generan una mezcla efectiva entre lo aterrador y lo absurdo, un equilibrio difícil de alcanzar que Lindsey maneja con precisión.
La película recurre nuevamente a efectos generados por computadora que, en algunos momentos, resultan evidentes; sin embargo, esta cualidad termina aportando un matiz de humor oscuro que encaja con el tono general de la obra.
Dolly tampoco escatima en la representación de la violencia explícita. Las escenas sangrientas y los desmembramientos son frecuentes, reforzando su identidad dentro del género gore. Aunque estas secuencias pueden resultar desagradables para algunos espectadores, quienes disfrutan de este tipo de propuestas probablemente encontrarán en este aspecto un motivo suficiente para acercarse a la película.
No obstante, el impacto de la cinta va más allá de lo visual. La dinámica entre Dolly y Macy genera una profunda incomodidad al explorar la perturbadora idea de reducir a una persona a un estado de indefensión e infantilización. Este componente psicológico añade una capa adicional de inquietud, convirtiendo ciertas escenas en experiencias difíciles de presenciar. Aun así, los realizadores abordan este elemento con cierto cuidado, aunque las implicaciones de algunas situaciones pueden resultar particularmente intensas.
Sinopsis oficial: En este inquietante thriller de terror, una joven llamada Macy es secuestrada por una figura monstruosa obsesionada con criarla como si fuera su propia hija. Mientras lucha por escapar, se ve inmersa en un mundo de pesadilla, control y tormento psicológico. Dolly combina la brutalidad del Nuevo Extremismo Francés con el terror crudo y sin filtros del cine estadounidense de los años 70, ofreciendo un descenso escalofriante e implacable.
Opinión: Aunque sabía que se trataba de una producción independiente, no esperaba encontrar un nivel de calidad tan sólido. Tanto las actuaciones como los efectos especiales, la fotografía y los escenarios superaron ampliamente mis expectativas.

Como mencioné, la película se percibe como una heredera espiritual del estilo de Leatherface, conservando una esencia similar. Su atmósfera sombría y opresiva genera una tensión constante, capaz de mantener al espectador al borde del asiento, mientras que un personaje tan inquietante como Dolly termina de consolidar la experiencia.
En sus momentos más extremos, donde el gore se intensifica y todo se descontrola, la propuesta claramente no es para todo público. Algunas escenas pueden resultar incómodas o incluso desagradables debido a sus elementos particularmente perturbadores.
Si bien, como toda producción independiente, presenta ciertas limitaciones —especialmente en algunos efectos—, en términos generales mantiene un buen nivel.
La duración es otro de sus aciertos: no resulta excesiva ni demasiado breve, logrando un ritmo adecuado de principio a fin. En definitiva, es una película recomendable para los aficionados al género gore, aunque definitivamente no está dirigida a todo tipo de audiencia.
Le damos un 7 de 10
Reseña: Enrique Tovar

