Reseña: Oscar Castillo
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Título en México: El Heladero: Dulce sabor a muerte
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Título original: Ice Cream Man
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Año: 2026
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País: Estados Unidos
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Género: Terror / Gore / Comedia negra
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Dirección: Eli Roth
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Reparto principal: Ari Millen, Benjamin Byron Davis, Karen Cliche y Charlie Zeltzer
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Duración: 87 minutos
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Productora: The Horror Section
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Distribución en México: Diamond Films
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Estreno en México: 3 de septiembre de 2026
- Dato de producción: La idea de Ice Cream Man comenzó a desarrollarse hace más de dos décadas y finalmente se convirtió en el primer largometraje de The Horror Section, compañía impulsada por Eli Roth para producir y distribuir cine de terror dirigido al público adulto.

Sinopsis: El tranquilo pueblo de Bayleen Bay recibe la llegada de un misterioso vendedor de helados que rápidamente conquista a los niños con sus irresistibles productos.
Pero cuando quienes prueban sus helados comienzan a mostrar comportamientos extraños y cada vez más violentos, la aparente diversión del verano se transforma en una sangrienta pesadilla.
Entre ellos se encuentra Jared, un niño de 12 años cuya intolerancia a la lactosa le impide probar los misteriosos helados. Lo que parecía una simple desventaja terminará convirtiéndose en su mejor oportunidad para sobrevivir.
Mientras el caos se apodera del pueblo, Jared y sus amigos deberán descubrir qué se esconde detrás del siniestro heladero antes de convertirse en sus próximas víctimas.

Antes incluso de llegar a las salas de cine, El Heladero: Dulce sabor a muerte ya había generado conversación por razones que poco tenían que ver con sus asesinatos.
El uso de inteligencia artificial generativa durante parte de su producción y las críticas alrededor de las posturas políticas de Eli Roth provocaron controversia e incluso acompañaron las conversaciones surgidas tras la cancelación de su exhibición en el Festival Macabro.
Pero dejando a un lado todo lo ocurrido alrededor de la película, queda una pregunta mucho más sencilla:
¿Es buena El Heladero?
La respuesta es un poco más complicada.
Eli Roth combina terror, humor negro, gore, misterio, venganza y una enorme cantidad de situaciones absurdas en una película que parece tener todos los ingredientes necesarios para convertirse en una divertida experiencia de serie B.
El problema es que hay tantas cosas dentro del recipiente que ningún sabor termina por distinguirse completamente.

Niños, helados y litros de sangre
La premisa no intenta ocultar lo ridícula que puede llegar a ser.
Un misterioso heladero llega a un pequeño pueblo y rápidamente conquista a los niños con sus productos. El problema aparece cuando aquellos que comen sus helados comienzan a comportarse de manera extraña y extremadamente violenta.
Y cuando decimos violenta, hablamos de niños asesinando adultos mientras las aulas, los juegos infantiles y otros espacios asociados con la inocencia terminan cubiertos de sangre e intestinos.
La película también introduce una historia de venganza relacionada con el propio heladero y un acontecimiento ocurrido décadas atrás, intentando agregar misterio y una explicación detrás de toda la carnicería.
Sobre el papel, la combinación suena perfecta para Eli Roth.
Y durante algunos momentos realmente funciona.
El contraste entre la inocencia infantil y la violencia exagerada permite construir algunas secuencias genuinamente divertidas, especialmente cuando la película deja de preocuparse por la lógica y simplemente abraza el absurdo.
Pero nunca termina de hacerlo completamente.

Quiere jugar como Terrifier, pero se queda a medias
Desde sus primeros minutos, El Heladero deja bastante claro el tipo de experiencia que pretende ofrecer.
Esta no es una película para buscar explicaciones demasiado profundas.
Es una cinta para desconectar el cerebro, comprar unas palomitas —preferentemente sabor picante 😂— y disfrutar del espectáculo.
El problema es que incluso una película construida alrededor del absurdo necesita establecer sus propias reglas.
Y El Heladero constantemente encuentra soluciones demasiado convenientes para mantener con vida a sus jóvenes protagonistas y conducirlos hacia el siguiente enfrentamiento.
Cuando finalmente llega el momento de revelar algunas de sus cartas, aparece además un giro difícil de creer incluso bajo las propias reglas de esta historia, provocando que el desenlace pierda buena parte del impacto que debería tener.
Es extraño porque la película parece querer alcanzar el descaro de propuestas como Terrifier, pero nunca se atreve a llevar su locura hasta las últimas consecuencias.
Tiene sangre.
Tiene intestinos.
Tiene niños asesinos.
Tiene humor negro.
Tiene un heladero bastante perturbador.
Pero le falta esa sensación de que absolutamente cualquier cosa puede ocurrir.

Terror con sabor a televisión de madrugada
Curiosamente, parte de su encanto también nace de sus limitaciones.
Hay momentos en los que El Heladero recuerda a aquellas películas de terror de bajo presupuesto que encontrábamos accidentalmente en televisión abierta, donde los efectos no siempre eran convincentes pero las muertes tenían suficiente creatividad para mantenernos mirando.
Incluso algunas secuencias recuerdan al espíritu de Chucky: El muñeco diabólico, especialmente por esa combinación de asesinatos exagerados, humor y situaciones deliberadamente ridículas.
Y quizá ahí se encuentra la película que El Heladero pudo haber sido.
Una cinta de serie B completamente consciente de su absurdo, dispuesta a convertir cada asesinato en algo todavía más exagerado que el anterior.
En cambio, Eli Roth intenta incorporar misterio, venganza, humor, gore y diferentes explicaciones alrededor del origen de la amenaza, provocando que la película tenga muchas ideas, pero pocas lleguen realmente a cuajar.
Se derrite antes de encontrar su sabor

El Heladero: Dulce sabor a muerte tiene algunos momentos graciosos, varias muertes creativas y suficiente sangre para satisfacer a quienes solamente buscan una noche de terror despreocupado.
Pero debajo de todo ese gore existe una película que nunca termina de decidir exactamente qué quiere ser.
No necesita ser seria.
Tampoco necesita tener un gran mensaje.
Mucho menos necesita reinventar el slasher.
Simplemente necesitaba abrazar completamente su propia locura.
Porque si vas a hacer una película sobre niños hipnotizados por helados malditos que comienzan a desvivir adultos entre litros de sangre e intestinos, la lógica probablemente ya salió del establecimiento hace mucho tiempo.
Así que solamente queda una opción:
Servir dos bolas de locura, agregar bastante gore encima y no preocuparse por las calorías. 🍦🩸
Lástima que El Heladero tenga todos los ingredientes para hacerlo y, justo cuando comienza a encontrar su sabor, termine derritiéndose antes de tiempo.

