Reseña por Darkano D’arioto.
- Título original: Passenger
- Año: 2026
- Duración: 94 min.
- País: Estados Unidos
- Dirección: André Øvredal
- Guion: T.W. Burgess, Zachary Donohue
- Reparto: Lou Llobell, Jacob Scipio, Melissa Leo, Joseph Lopez, Tony Doupe, Bonni Dichone, Devielle Johnson, Jessica Cruz, Miles Fowler, Alan Trong, Michele Peters, Brett Bedrosian.
- Música: Christopher Young
- Fotografía: Federico Verardi
- Compañías: 18hz production, Coin Operated, Paramount Pictures. Distribuidora: Paramount Pictures
- Género: Terror.

Sinopsis: Tras presenciar un espantoso accidente automovilístico en la autopista, una joven pareja pronto descubre que no salió sola del lugar. Una presencia demoníaca conocida como El pasajero del diablo no descansará hasta reclamarlos y convertir su aventura al aire libre en una auténtica pesadilla.
Este año, el género de terror ha tenido una presencia constante en la pantalla grande, y ha habido de todo: películas buenas, malas y regulares. Sin embargo, dentro de estas últimas aparecen varias producciones que simplemente resultan irrelevantes, sin propuesta ni identidad, limitándose a repetir la fórmula confiable del terror comercial actual.

Ese es precisamente el caso de Passenger o, en español, El pasajero del diablo, porque claro, en muchas traducciones latinas todo tiene que relacionarse con el diablo para generar mayor expectativa. Y desde ahí comienza una fórmula demasiado repetida.
André Øvredal, director sueco que se ha consolidado dentro del género y que ha entregado buenos resultados con películas como The Last Voyage of the Demeter (Drácula: Mar de Sangre) o Scary Stories to Tell in the Dark (Historias de miedo para contar en la oscuridad), por mencionar solo algunas, se encarga de este trabajo falto de inspiración, carente de personalidad, estética y narrativa. Da la impresión de que el director se rindió ante las exigencias de Hollywood en un largometraje que queda muy lejos de sus mejores estándares.

La trama es tan sencilla y genérica como muchas otras: una pareja encuentra un ente sobrenatural y debe luchar por su vida mientras intenta detenerlo. Así, sin demasiadas explicaciones y con una acumulación constante de clichés del género que terminan por volver la experiencia tediosa y predecible de principio a fin.
Las actuaciones son sosas y acartonadas. Como ocurre con muchas películas modernas de terror, la iluminación es tenue —a veces demasiado oscura para distinguir claramente lo que sucede en pantalla— y la paleta de colores resulta apagada. Los efectos son deficientes y la película depende excesivamente de screamers poco trabajados, recurriendo constantemente al susto fácil para intentar mantener la tensión.

El soundtrack también cae en lo predecible, utilizando música country de fondo y cerrando, de manera casi obvia, con “The Passenger” de Iggy Pop.
Si buscan una película de terror sencilla para asustarse un rato y olvidarse rápidamente de ella, este largometraje puede cumplir esa función. Sus 94 minutos, sin embargo, llegan a sentirse eternos. Aunque, para una audiencia más influenciable por la temática sobrenatural, quizá logre surtir cierto efecto.
Reseña por Darkano D’arioto.

